NUNCA PENSE QUE UNA PALABRA SOLA
pudiera decir tanto en un instante,
como expresó mi nombre, palpitante,
entre tus dulces labios de amapola.
Fue apenas un rumor de caracola
desde el umbral del transito inquietante;
después, la tierna luz de tu semblante,
fundió como la espuma de una ola.
Tan solo un nombre, amor, y en él, prendidos,
el valor y la fe con que vivías
dando pleno sentido a nuestra vida;
valor y fe en tu aliento transfundidos
- tan débil, alma mía, me sabias -
para quedar en mi, tras tu partida.
viernes, 24 de abril de 2009
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